¿QUEREMOS UNA SOCIEDAD MÁS SEGURA?

Por Carl Bernstein - 2 de Septiembre, 2006, 13:55, Categoría: General

El asunto de la inseguridad pública es, según todas las encuestas, el que más preocupa a la sociedad mendocina.
Es una cuestión en la que todos parecen estar de acuerdo y resulta curioso que, siendo un tema en el que todos concordamos, nos cueste tanto hallar soluciones.
Posiblemente la razón de esta dificultad esté en que, como muchas otras veces, manifestamos desear algo y hacemos exactamente lo opuesto de lo necesario para lograr el objetivo buscado.

Quizás este planteo parezca novedoso pero si se toma unos minutos para leer este artículo quizás su punto de vista sobre la inseguridad empiece a cambiar un poco.
Si sucede esto, estaremos un poco más cerca de reducir la inseguridad.
Pretender que una sociedad sea segura, que sus habitantes sean respetuosos de las leyes y que quienes las infringen sean castigados es una instancia natural en aquellas sociedades respetuosas de la ley y una quimera en las que sólo quieren que los otros cumplan las leyes.
En Mendoza todos sabemos que, por ejemplo, el tránsito es un caos porque la inmensa mayoría de los que manejan no cumplen las leyes de tránsito.
Pasar semáforos en rojo es casi una constante. Estacionar en lugares indebidos es parte del folclore provincial.
Conducir por encima de las velocidades máximas permitidas es lo habitual.
Si aceptamos esta realidad es obligatorio preguntarse ¿cómo sería posible la disminución de los accidentes de tránsito en este contexto?. Ya la respuesta no es muy difícil: en las actuales condiciones, seguiremos siendo una de las provincias con mayor cantidad de accidentes viales y muertes por ese motivo.
Otro tanto ocurre con los que venden artículos de dudosa procedencia.
Es común ver a la orilla de nuestra rutas vendedores de todo tipo de artículos usados que, en la mayoría de los casos, son de origen dudoso o directamente son robados.
Ventas de llantas, ventas de tazas para llantas, ventas de cubiertas y ventas de automóviles a la vera del camino son hoy una constante en muchos lugares de la provincia.
Muchos compran en esos lugares porque de otro modo no subsistirían ni se incrementarían esos puestos callejeros de ventas de artículos tan variados.
Todos saben que comprar objetos robados es la mejor forma de perpetuar el negocio y los robos. Seguimos comprando objetos robados, para ahorrarnos unos pesos, pero queremos que bajen los robos. Difícil que suceda si seguimos procediendo de esta forma.
Con los impuestos sucede otro tanto. Cada vez que podemos, tratamos de evitar su pago porque, así nos justificamos, "yo pagaría si supiera que van a usar mis impuestos para beneficio de todos y no sólo de los que gobiernan". Excusa formidable para justificar lo injustificable: quiero mejores servicios pero que los paguen los demás.
Cuando violamos alguna ley de tránsito y nos hacen una boleta, es vergonzoso tener que escuchar al policía que nos confecciona el acta de infracción sugerirnos que hagamos un descargo para pagar una multa menor o quedar eximidos de su pago. Si corresponde la sanción, no debería haber descargo alguno y si no corresponde, no debería haber sanción.
Nos guste o no somos una sociedad en la que cada uno saca la ventaja que puede cada vez que puede. Algunos lo hacen merced a sus influencias, otros al dinero que puede comprar voluntades y otros, menos pudientes, lo hacen a punta de pistola porque no tienen las otras alternativas.
Es imposible que un gobierno, aún en el supuesto caso de que todos sus integrantes fueran virtuosos, pueda controlar al resto de la sociedad si ésta no cumple las leyes vigentes o si cada uno de los que no son gobierno, y que son la mayoría, cree tener justificación para no cumplir con determinadas leyes.
Y esto adquiere características de verdadera tragedia social si el Poder Judicial, que es la garantía última de cualquier sistema republicano de gobierno, no cumple sus funciones como nos está sucediendo en los últimos años.
Si el Poder Judicial teme aplicar las leyes cuando corresponde, el futuro es más sombrío que el presente. Los Jueces deben aplicar las leyes según corresponde y no según el efecto que esto ocsionará en dirigentes y dirigidos.
Si cortar calles es un delito, debe sancionarse a quien las corta aunque lo haga invocando razones teóricamente justas. No hay otra opción posible en las sociedades avanzadas. Lo que hacemos nosotros ante el ejemplo citado, es propio de países como el nuestro y los resultados de ese accionar está a la vista de todos.
Si verdaderamente queremos una sociedad más segura, debemos empezar por cumplir todos las leyes vigentes y exigir que quienes deben aplicarlas lo hagan sin titubeos.
No es posible pretender que los demás cumplan las leyes que me convienen a mi mientras yo solo cumplo aquellas que me resulta cómodo cumplir.
Así, seguiremos clamando por más seguridad sólo de la boca para afuera. Tal como lo estamos haciendo hoy en día.








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